la carrera más sucia de la historia
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Atletismo

Se cumplen 30 años de la “carrera más sucia de la historia”

Treinta años después, la matrícula del coche del ex atleta canadiense Ben Johnson sigue recordando los diez segundos más emocionantes de su vida, pero también sus peores días: BEN979.

La marca de 9,79 segundos que logró Johnson el 24 de septiembre de 1988 en los Juegos Olímpicos de Seúl, un récord mundial asombroso para la época, ya no existe en realidad en los registros oficiales. Tres días después, su triunfo fue anulado por dopaje y la victoria en la carrera de 100 metros fue otorgada a su archirrival Carl Lewis.

Aquella final sigue siendo recordada hasta el día de hoy como “la carrera más sucia” de la historia olímpica. No sólo por el dopaje de Johnson, sino porque años después se descubrió que seis de los ocho esprinters habían utilizado sustancias prohibidas. Los únicos que quedaron a salvo fueron Lewis y su compatriota estadounidense Calvin Smith.

Johnson denunció que alguien del entorno de Lewis había colocado algo en su muestra, pero sus aseveraciones nunca pudieron ser comprobadas. En cambio, ya es un hecho indiscutible que “Big Ben” fue provisto con el anabólico estanozolol por su entrenador Charlie Francis antes de su presentación en Seúl y que el canadiense se dopó durante seis años de su carrera.

“Todo el mundo me señaló como un tramposo, pero no fui el único que hizo trampa”, diría Johnson años después. “Todos lo sabían, pero yo fui el único que fue señalado. Fue duro”, reconoció.

A su regreso en 1991 tras la sanción por dopaje, Johnson ya no pudo volver a su anterior nivel. En los Mundiales de 1991 en Tokio apenas participó en los relevos y en los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona quedó eliminado en las semifinales de los 100 metros.

Así lo hizo

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